Dejar ir lo que nos hace daño - Rut Oliva

Dejar ir lo que nos hace daño

¿Cuántas veces te has encontrado en situaciones que no quieres estar o vivir? 

Estar en una relación de pareja que no te llena, en un trabajo que te causa ansiedad sólo con pensar que tienes que volver al día siguiente, vivir conflictos familiares de manera continua… ¿Te ha pasado alguna vez?

¿Cómo puede ser que esté viviendo una situación que no quiero vivir, que me causa infelicidad, ansiedad, depresión… y que me cueste tanto tomar la decisión de hacer un cambio?

A priori parecería sencillo ¿no? 

Estoy con una pareja que no me da lo que pienso que me tiene que dar, ¡pues la dejo y punto! Estoy en un trabajo que no me gusta, ¡pues lo dejo y punto! Que la familia me trae más dolores de cabeza que alegrías… ¡Pues me alejo y punto! Parece que no tiene que ser tan difícil ¿no?

¿Entonces qué sucede?

tomar decisiones
¿Por qué nos cuesta tanto salir de una situación que nos está provocando malestar, dolor o sufrimiento?

En el momento de tomar decisiones aparece el fantasma de la indecisión e inseguridad que me engulle toda capacidad de discernir y razonar. Empiezan los “pero” o los “no es el momento” o mejor todavía “y si me equivoco” … Así que los días van pasando y las decisiones se van procrastinando esperando que llegue el día adecuado o el milagro que me salvará de este sufrir.

¡No puedo más!, ¡se acabó! ¡Ahora sí que ya es la definitiva!… pero finalmente… la decisión nunca acaba de llegar y los días pasan, la vida pasa, el sufrimiento me ha cogido cariño, o yo a él, y me acompaña en mi día a día.

¿Seguro que tú nunca has vivido una situación así verdad? 

¿Alguna vez has escuchado a alguien con un problema de pareja o en el trabajo, que dice que quiere dejar la pareja o el trabajo? ¿Qué quiere dejar de pasarlo mal, que no quiere vivir más esa situación?

¿Por qué es tan difícil dejar una situación que nos está provocando tanto dolor?

¡Porque sin darnos cuenta hemos creado una dependencia!

Según el Instituto Nacional sobre la dependencia, estos sucesos se deben a un problema en el cerebro. Una dependencia o adicción es cuando sientes una necesidad irresistible de seguir viviendo, aunque sea de manera inconsciente, una situación conflictiva que te está causando dolor.

El cerebro actúa como un radar

El cerebro actúa como un radar de control, emite señales químicas que dirigen nuestros actos y decisiones. Cuando estamos sometidos a situaciones de estrés de manera prolongada, estas señales químicas del cerebro cambian. Esto afecta nuestras acciones, decisiones y hasta la manera en que nos sentimos. 

Cuando nuestro cerebro y organismo se ha habituado a vivir situaciones conflictivas que le provoca estrés, segrega un tipo de sustancias químicas que garantizarán nuestra adaptación a la situación y por consiguiente nuestra supervivencia. Así que cuando exponemos nuestro cerebro a la situación conflictiva, lo primero que hace es un buen “bombazo” de estas substancias químicas, pero con el paso del tiempo esta subida ya no será tan fuerte y necesitaremos sentir el “bombazo” con más intensidad, así que necesitamos revivir con más asiduidad la situación que, en un principio, de manera consciente estamos viviendo des del dolor, sufrimiento o malestar. Esto sucede cuando ya eres un dependiente emocional.

La dependencia emocional nos hace perder el norte, apartándonos de nuestro camino y nuestros objetivos. Por tanto, deberíamos intentar librarnos de ella si queremos seguir con nuestro desarrollo personal.

¿Cómo funciona la dependencia y qué obtenemos de ella?

Los dependientes emocionales están “enganchados” a las sustancias químicas internas que su cuerpo produce cuando experimentan experiencias conflictivas.

Dependencia a actuar mediante la violencia, dependencia a adoptar un rol de víctima ante la vida o ante los demás, dependencia a reaccionar con desconfianza o con desprecio al relacionarse con la gente, dependencia a manifestar con una pataleta infantil cuando alguien le lleva la contraria o no consigue lo que quiere, dependencia a una pareja que no le está aportando bienestar, dependencia a un trabajo que le causa ansiedad, dependencia a relaciones tóxicas…

Este tipo de adicto, no solo está enganchado a las sustancias químicas internas que generan sus propios comportamientos o actitudes, sino que también está enganchado a otro tipo de retribución. ¿Cuál? A cómo su comportamiento logra manipular a los demás (o a sí mismo) para obtener aquello que quiere (sea poder, dinero, compasión o amor) o para evitar aquello que teme (sea miedo, dolor o enfrentarse a sus propios defectos o carencias personales).

Seas un adicto a sustancias químicas internas y/o externas o un adicto de tipo psicológico, tu adicción tiene una misma característica: tiende a repetirse indefinidamente creando un mismo patrón de pensamiento o conducta ante las diferentes circunstancias de la vida.

¿Por qué este hecho resulta especialmente negativo?

Porque tu adicción irá contra tus intereses y contra tu propia vida si esta se manifiesta en el momento y lugar equivocados, algo que, sin duda, va a ocurrir tarde o temprano. Un adicto al enfado, a la pereza, a la timidez o al miedo tiende a actuar de esta forma siempre, incluso en los momentos menos oportunos, lo cual puede reportarle consecuencias negativas a nivel personal y laboral.

El bucle repetitivo de una dependencia limita tu vida evitando que cambies tu forma de ver la vida, de pensar, sentir y actuar. Esto te impide desarrollar tu capacidad de adaptación y poder ver la vida desde otro prisma, lo cual detiene tu crecimiento personal y el logro de tus objetivos.

Una persona dependiente del enfado es incapaz de reconciliarse pacíficamente con su pareja, amigo, padres o jefe cuando hay un conflicto. Una persona adicta a la timidez puede llegar a desarrollar una fobia social y evitará las presentaciones en público. Una persona esclava del miedo, todas las situaciones que se le presenten en su día a día le reflejaran ese miedo y la anclaran en la inmovilización.

En definitiva, sea cual sea tu dependencia, ten en cuenta que esta te limita, frena tu crecimiento e impide que te transformes.

Evidentemente que tu dependencia, sea la que sea, no se creó por tu culpa, no la tienes por capricho. El abandono emocional al que fuiste expuesta tuvo mucho que ver. La búsqueda desesperada de afecto, cariño, apoyo emocional que nunca recibiste y las experiencias que te han tocado vivir, hicieron el resto.

Ahora ya puedes ir entendiendo el porqué te puede estar costando dejar de vivir una situación que te está provocando malestar, dolor o sufrimiento.

El primer paso para poder dejar ir esa situación, es identificar donde está tu dependencia. 

Es más fácil dar el paso y tomar decisiones, si sabes exactamente de que te quieres liberar.

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